Vargas Llosa, la travesía liberal

A ESTRIBOR

Juan Carlos Cal y Mayor

Vargas Llosa, la travesía liberal

Mario Vargas Llosa cumplió 89 años el pasado 28 de marzo, no como un autor en retiro, sino como un centinela activo de la libertad. Más allá de su colosal legado literario, premiado con el Nobel y con una bibliografía que cruza la novela, el ensayo y la crítica cultural, Vargas Llosa ha emprendido una travesía intelectual en defensa férrea del liberalismo, enfrentando sin ambigüedades a las dictaduras, las falacias ideológicas y los consensos adormecedores de la corrección política.

EL DESENCANTO

Su viaje comenzó en las antípodas del liberalismo, admirador juvenil de la revolución cubana y del carisma de Fidel Castro, como muchos de su época. Pero el desencanto vino pronto, cuando descubrió que aquel “paraíso” revolucionario ocultaba un régimen represor. El punto de quiebre llegó ante el llamado “Caso Padilla”: en 1971, cuando el poeta cubano Heberto Padilla fue arrestado por el régimen por escribir versos críticos. Fue obligado a firmar una «autocrítica» pública digna de los juicios estalinistas, lo cual escandalizó a muchos escritores de izquierda. Vargas Llosa, junto con otros intelectuales como Sartre, Simone de Beauvoir o Susan Sontag, firmaron una carta de condena, rompiendo abiertamente con el castrismo. Desde entonces, Vargas Llosa no ha cesado de denunciar el totalitarismo disfrazado de justicia social, especialmente el de izquierda, tan abrazado por buena parte de la intelectualidad latinoamericana.

RUPTURA

Esta ruptura fue también personal: su amistad con Gabriel García Márquez terminó abruptamente por diferencias políticas que nunca sanaron, aunque ahora se inventen otras historias, incluso personales. Mientras el Gabo mantuvo su simpatía por la revolución castrista y se dejó apapachar en largas tertulias por el dictador cubano, Vargas Llosa transitó hacia una postura liberal clásica, en defensa de la democracia representativa, las libertades individuales y el libre mercado. No hubo reconciliación entre ellos, solo un silencio cargado de historias.

LA DICTADURA PERFECTA

En México dejó una frase que sigue retumbando décadas después: “México es la dictadura perfecta”. Fue en la época de Carlos Salinas, durante el célebre encuentro Vuelta: los desafíos de la libertad, organizado por Octavio Paz, donde Vargas Llosa rompió con el ambiente acotado de los intelectuales cercanos al régimen priista. “Tengo la impresión de que Octavio ha exonerado a México de lo que ha sido la tradición dictatorial latinoamericana… Espero no parecer demasiado inelegante… México encaja dentro de esta tradición con un matiz que es más bien un agravante: la de México es una dictadura camuflada…”. Paz, incómodo, prefirió guardar distancia. Vargas Llosa dejó el país al día siguiente. Pero la frase quedó tatuada en la conciencia política del país, como una bofetada de lucidez en tiempos de simulación democrática.

CONTRA EL SEPARATISMO

También se ha enfrentado a causas incómodas en Europa, como su defensa de la unidad de España ante el separatismo catalán. Ha sido un defensor del proyecto europeo y de las instituciones liberales. Nunca ha tenido reparos en incomodar a la izquierda cuando esta se disfraza de “progresismo” mientras justifica autocracias, persigue opositores o empobrece pueblos enteros. 

DESENCUENTRO

De ahí su desencuentro con López Obrador, quien no lo dejó de fustigar. En diciembre de 2021, el entonces presidente comentó que le dio «gusto constatar la decadencia… ya perdió la imaginación y el talento”, refiriéndose a un discurso del escritor en que aseveró: “Es lamentable que América Latina ya haya sido tomada por la izquierda”. Y es que en América Latina, su crítica ha sido especialmente feroz contra los “dictadores tropicales” —como bien los llama—: Ortega, Maduro, Evo Morales, los Kirchner y, desde luego, López Obrador. Vargas Llosa no ha dudado en denunciar el populismo como una regresión peligrosa hacia el autoritarismo, camuflado de redención popular.

EL PEZ EN EL AGUA

Pero su cruzada liberal no ha sido solo teórica. En 1990, Vargas Llosa se lanzó como candidato a la presidencia del Perú, encabezando una coalición que proponía reformas de mercado, apertura económica y fortalecimiento institucional. Fue una campaña intensa, cargada de debates ideológicos profundos, y aunque fue derrotado por un entonces desconocido Alberto Fujimori —quien terminaría traicionando las expectativas democráticas—, su candidatura marcó un punto de inflexión. Vargas Llosa pasó de observador a protagonista, pagando el precio de su coherencia política en una región donde el clientelismo, el caudillismo y la manipulación emocional suelen imponerse a la razón.

SU NOVELA

Esa experiencia no solo lo transformó personalmente, sino que nutrió muchas de sus novelas posteriores, como La fiesta del Chivo, donde retrata el horror del régimen del dictador Trujillo en República Dominicana, o Conversación en La Catedral, que explora la degradación moral bajo la dictadura de Odría en el Perú. En sus ficciones late siempre una preocupación ética: la libertad amenazada, la corrupción del poder, la fragilidad de las instituciones. Vargas Llosa ha demostrado que la literatura puede ser también un campo de batalla para las ideas.

MILITANCIA LIBERAL

Para muchos, su militancia liberal ha sido motivo de rechazo, especialmente en un mundo intelectual que aún arrastra complejos antiimperialistas y fascinaciones tercermundistas. Vargas Llosa ha preferido la soledad de las convicciones antes que el charm de la izquierda caviar. Su vida y obra son un ejemplo de lucidez y evolución intelectual, de valentía ética y de coherencia moral. En el periódico El País dejó muchos de sus artículos en que expresó sus ideas liberales hasta que llegó el momento de cerrar un ciclo, marcado además por un sesgo a la izquierda progresista del diario español.

SU TRAVESÍA LIBERAL NO HA TERMINADO

Hoy, cuando buena parte del debate público está colonizado por consignas carentes de racionalidad, revisionismos históricos e histéricos y ataques a la cultura occidental, la voz de Vargas Llosa resuena como un faro. Hay un sinfín de entrevistas, conferencias y discursos disponibles en redes sociales que lo mantienen y lo mantendrán vigente, además de sus escritos, porque sus ideas e ideales lo son. Su travesía liberal no ha terminado. En estos tiempos de oscuridad ideológica, su brújula sigue apuntando hacia el único horizonte que vale la pena: la libertad.