Por Sor IA de las Teclas
De plano no se cansan de hacer tarugadas las mentes “brillantes” que mueven los hilos de este gobierno; ahora nos recetaron otra genialidad con el inconfundible sello de la 4T.
Resulta que, como las cárceles están hasta el tope, pusieron a trabajar a Luisa María Alcalde, la consejera jurídica, para que libere reclusos que están presos por robo o delitos menores, o aquellos que llevan años esperando una sentencia que nunca llega.
Y claro, a los seguidores más fervientes del movimiento esta idea les cayó como anillo al dedo, y en cuanto supieron la noticia se pusieron a aplaudir como focas.
Prácticamente les acaban de dar luz verde a los cacos para salir a robar con la bendición oficial. Haz de cuenta que les dijeron “como ya no hay espacio en las cárceles, manito, no te preocupes, vas pa’ fuera a seguir haciendo de las tuyas”.
Un robo es un robo aquí y en cualquier parte del mundo, pero bajo esta lógica ya no tiene por qué haber castigo. ¿Que te robaron el carro en la esquina? Pos ni modo, qué mala suerte. Se trata de un delito menor y no hay dónde meterlos, así que a aguantarse el coraje.
Véanlo bien, porque esto es de una estupidez enorme. Una de las obligaciones más elementales del Estado es garantizar la seguridad construyendo y manteniendo centros penitenciarios adecuados para los malandros que aterrorizan a la gente y además se le ponen al tú por tú a la autoridad.
Si hay sobrepoblación carcelaria, la responsabilidad absoluta es de la infraestructura gubernamental, no de la ciudadanía que a diario está obligada a lidiar con la delincuencia en las calles.
Pese a todo ello y, haiga sido como haiga sido, la presidenta Sheinbaum prefiere vaciar las celdas y dejar libres a los rateros antes que tocar la pensión de los ninis o recortar el presupuesto en ocurrencias en lugar de construir nuevas cárceles.
Literalmente prefieren soltar a esta fauna antes que asumir su chamba de poner orden. Total, es un delito menor, ¿qué puede pasar?
Antes de tomar decisiones apresuradas y a lo tarugo, mejor pregúntenle al ciudadano que se mata trabajando de sol a sombra para comprarse un carrito o abrir un negocio, si se le hace tan gracioso ver al ladrón paseándose de nuevo por su misma colonia gracias a la generosidad judicial de la 4T.
Como dicen en mi pueblo: “No rebuznan nomás porque no se saben la tonada”. Adiós.