Ni médicos ni bisturí: la cirugía fallida de la 4T

CHIRAS PELAS

Alfonso Grajales Cano

Este martes, Alejandro Svarch, director del IMSS-Bienestar, se paró en la mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum y soltó una bomba con toda la calma del mundo: 99 hospitales en México no tienen quirófanos funcionales. Ni médicos, ni infraestructura, ni operación. Solo cuartos fríos con camillas viejas y promesas sin fecha.

Pero eso sí, hay nueva estrategia: la “Apertura de Quirófanos No Funcionales”, como si el título rimbombante compensara que estamos a nada de que te operen con velas y en el pasillo.

Que no panda el cúnico, dijeron. Que ya se va a arreglar todo. Que solo es cuestión de tiempo, lana y buena voluntad.

Lo grave no es solo lo que dijo Svarch. Lo grave es que hace apenas unos meses, el expresidente Andrés Manuel López Obrador se llenaba la boca diciendo que el sistema de salud mexicano era “mejor que el de Dinamarca”. 

¿Y ahora? Resulta que siete de cada diez quirófanos que van a rehabilitar están en zonas marginadas, donde la gente no solo no tiene hospitales, tampoco tiene carretera, ni médicos, ni medicamentos, ni madre.

Pero en los informes de gobierno todo se veía de lujo. Un IMSS-Bienestar que operaba en 23 estados, con 669 hospitales, miles de doctores y hasta basificaciones históricas.

Pura poesía de PowerPoint.

Entonces, ¿quién está mintiendo? ¿El que dijo que ya éramos Dinamarca o el que ahora admite que ni una apendicitis se puede atender sin peregrinar horas? ¡Ya todos sabemos la respuesta!

Esto no es una mentada de madre para AMLO. Esto es la radiografía perfecta del sexenio: mucha saliva, poca cirugía. Nos vendieron un sistema de salud de primer mundo y nos dejaron con uno que todavía usa hilo de cáñamo y aguja de bordado. Y mientras la realidad se desangra, los números siguen maquillados y las estadísticas siguen felices.

Y ojo: no se trata de criticar que se intenten arreglar las cosas ahora. Se agradece que se reconozca el desastre. Pero qué chingados hacíamos celebrando hospitales “funcionando” si tenían quirófanos cerrados. ¿Nos estábamos curando con buena vibra? ¿O el bisturí era imaginario?

Así que sí, el informe de AMLO se ve cada vez más como un sketch cómico. Y lo que dijo Svarch no es solo una confesión técnica, es el acta de defunción de una mentira. Una más de esas que se repitieron tanto, que hasta algunos se la creyeron. Hasta que llegó la cruda. Hasta que tocó operar… y no había quirófano.

AL VIRREY NO LE GUSTA ENSUCIARSE LOS PIES

No es broma. No es una escena de una novela colonial. No es una película de Mel Gibson. Es Chiapas, 2025.

“Don César López Gómez”, presidente municipal de Oxchuc, se dejó cargar por decenas de pobladores indígenas como si fuera un santo bajando del monte. Porque, claro, al señor le pareció de lo más normal recorrer dos kilómetros trepado como rey maya, mientras abajo sudaban los de siempre: los jodidos, los invisibles, los que todavía creen que el respeto se compra con promesas de una carretera.

Sí, el muy cabrón prometió pavimentar el camino al ejido El Retiro, pero solo si lo llevaban en hombros, como si su trasero fuera demasiado fino para tocar el suelo que dice gobernar. ¡Y no iba solo! También el tesorero municipal se unió al numerito. Dos funcionarios públicos, trepados en la dignidad de su propio pueblo, a cambio de hacer lo que ya deberían estar haciendo sin tanto show: cumplir.

Pero no, aquí no se gestiona el desarrollo. Aquí se escenifica la sumisión. Aquí se construyen caminos sobre el lomo de los más pobres.

Las fotos dan asco. Y no porque uno le falte el respeto a la tradición —que, por cierto, esto no es tradición ni es costumbre, es humillación con disfraz folclórico—, sino porque ver a un político usar a su gente como transporte VIP te recuerda que el poder en México sigue oliendo a moho, a colonia, a hacienda.

Y mientras la indignación crece, el virrey de Oxchuc calladito, como si el silencio borrara el desmadrito. Ninguna disculpa, ninguna explicación. Lo normal. Porque aquí, cuando un político se pasa de lanza, solo hay dos opciones: o lo premian, o lo ignoran.

El problema no es solo lo que hizo, sino lo que representa: ese México que no se quiere ir, donde el pueblo se pone de alfombra para que el poder no se ensucie los zapatos.

Y los de arriba, felices. Se toman la foto, la suben a sus redes, le ponen musiquita regional y se creen líderes porque les sonríen tres señoras que esperan la lámina o la despensa prometida.

Y no, no es exageración decir que esto es violencia. Porque convertir a tu pueblo en banquito humano mientras le niegas servicios básicos, eso también es violencia política, social y simbólica. Es no entender nada. Es vivir en otro siglo. Es mirar al otro como inferior.

Si se vuelve a ofrecer, que carguen al edil, pero directo al basurero de la historia. Porque ni la dignidad ni el progreso se logran a cuestas de nadie. Y menos de quienes ya lo han cargado todo… menos justicia. Nos leemos pronto.

ESPINACAS

Por Popeye

Iba en hombros, bien chingón el sujeto,

como si el cargo le diera intelecto.

Y el pueblo abajo, sudando parejo…

pa’ que el señor no ensucie el pellejo.

¡Seco el elotazo…!