La austeridad de alcurnia

Sor IA de las Teclas

Resulta que los hijos de aquel patriarca que tanto juró que ellos no eran iguales a los de antes, que aquí ya no había corrupción ni ostentación, salieron aficionados (y bastante) a los lujos y la buena vida. 

Ahí los tienen, bien a gusto en un restaurante de esos “fifís” en la mismísima colonia Condesa de la Ciudad de México, donde fueron captados empinándose botellas de 24 mil pesitos cada una. Tanto cacarearon que la pobreza franciscana era doctrina de fe, y miren nada más la mascarada cayéndose a pedazos.

Pero el circo no se detiene ahí, porque el país anda tan desvencijado que mientras a una gobernadora como la de Quintana Roo ya la descubren con perfil de facturera, los juniors se dan la gran vida paseando por Europa o Portugal, viajando rigurosamente en primera clase, algo al parecer ya muy normal para la nueva aristocracia guinda.

El verdadero pecado no es que tengan dinero, al final que cada quien haga de su vida un papalote. El insulto nacional es la hipocresía. Es esa monserga insoportable de venir a vendernos la pureza de la madre Teresa de Calcuta cuando los “cachorros” del régimen son los primeros de la fila en la buena vida. 

Se van a ver béisbol a Estados Unidos, donde uno de esos asientos cuesta un ojo de la cara, se lanzan al fútbol disfrazados con máscaras ridículas para que la chusma no los reconozca, o cierran por completo un restaurante para ellos solitos, pagando en una sola tarde cuentas que un mexicano de a pie no ganaría ni trabajando íntegro todo un año.

La sociedad observa y toma nota, aunque los alcahuetes del poder pretendan mirar hacia otro lado. Mucha gente tiene clarísimo que Andy está acumulando demasiados señalamientos como para dejarlo pasar impune, y que el “jovenazo” debería ser investigado a fondo. 

Pero seamos honestos; el gobierno de Claudia Sheinbaum jamás va a cruzar esa línea. Podrá haber diferencias de estilo o acomodos de grupo, pero jamás un rompimiento con los sótanos del obradorismo. Aquí no hay ni habrá fiscalías autónomas que alcancen a la “familia real”.

Y para rematar el sainete, fíjense nomás con quiénes se juntan a cenar. No es delito per se, pero revela la verdadera fauna con la que conviven. Ahí estaban departiendo con el magnate de Tequila Cuervo, y con Mauricio Garduño, otro personaje sumamente adinerado.

Ante semejante desgarriate, a mí me quedan dos dudas enormes para explicar el numerito. O lo hicieron a escondidas porque la arrogancia les ganó el instinto de supervivencia política, o lo hicieron para que todos viéramos quién manda y con quién se codean los nuevos “dueños” del país.