El PT en Chiapas: un partido sin pueblo propio

FILIPICAS
Paco Ramírez

1ª parte

El Partido del Trabajo en Chiapas carece de una base electoral autónoma. Esta no es una opinión ligera, es una conclusión que se desprende de los propios números: en 2021 el instituto solo se atrevió a competir sin coalición en 2 de los 24 distritos locales del estado; en 2024, sus 6 diputaciones en el Congreso local llegaron de la mano —y a la sombra— de una alianza con Morena y el Verde que arrasó con el 79% del voto a la gubernatura. Quítenle al PT chiapaneco el paraguas de la coalición dominante y lo que queda no es un partido, es un membrete.

Eso no significa que el PT sea irrelevante. Con 6 curules es, en los hechos, la tercera fuerza del Congreso de Chiapas, por encima del PRI y del PAN juntos. Pero esa fuerza es prestada, no propia. Es la diferencia entre tener un ejército y tener una cuenta bancaria abierta por otro: se puede disponer de los recursos mientras dure la relación, pero el día que el titular decida cerrar la cuenta, no queda nada que defender.

La excepción que confirma la regla: el cacicazgo

Donde el PT sí sobrevive —Venustiano Carranza, El Porvenir, Santiago El Pinar— no lo hace por una identidad partidista compartida entre los electores, sino porque ahí operan liderazgos personales que han sabido controlar la estructura local: comités, redes clientelares, aparatos de gestión de apoyos. Es el viejo patrón chiapaneco del cacicazgo, documentado durante décadas en la política del estado: el poder no reside en la sigla del partido, sino en la familia o el operador que lo administra. El mismo cacique que hoy es PT pudo haber sido PVEM hace diez años y bien podría ser Morena dentro de tres, sin que ese tránsito le cueste un solo voto en su municipio. La marca es desechable; el cacicazgo, no.

Una militancia cansada de ser empresa familiar

Y aquí es donde el diagnóstico local conecta con un malestar que no es exclusivo de Chiapas, sino estructural del PT como partido nacional: la percepción, extendida entre cuadros y militancia de base, de que el instituto funciona menos como organización política y más como negocio familiar. La dirigencia nacional del PT ha estado, durante más de tres décadas, bajo el control casi ininterrumpido de un mismo núcleo de liderazgo, con parientes y allegados ocupando posiciones clave de decisión, candidaturas y control de recursos. Ese patrón se replica, a menor escala, en las estructuras estatales: espacios que deberían servir para la formación de cuadros terminan operando como patrimonio de unas cuantas familias políticas.

El resultado es previsible. Una militancia que no ve incentivos para invertir lealtad, tiempo o trabajo territorial en un proyecto donde el ascenso depende del apellido y no del mérito, tiende a hacer lo mínimo indispensable: sostener el membrete cuando conviene, abandonarlo cuando no. Eso explica, en parte, por qué el PT chiapaneco nunca ha desarrollado una base social propia comparable a la de Morena o incluso a la de algunos cacicazgos del PVEM: no ha habido, durante años, un proyecto que ofrecer a cambio de la militancia, más allá del acceso a la nómina de la coalición en turno.

El espejismo de las seis curules

Por eso las 6 diputaciones actuales dicen menos de lo que parecen decir. No son el reflejo de un partido consolidado, sino el resultado de una fórmula: coalición ganadora + cuota negociada + un puñado de cacicazgos leales por ahora. Si mañana Morena decidiera prescindir del PT en Chiapas —algo que no sería inédito en la política mexicana, donde los partidos satélite han sido desechados cuando dejan de ser útiles, como le ocurrió al PES— el escenario más probable no sería una debacle uniforme, sino una fuga selectiva: los cacicazgos con capacidad real de retener su municipio se quedarían, probablemente cambiando de camiseta si hiciera falta; el resto —la mayoría de la estructura estatal— se diluiría casi de inmediato.

El PT en Chiapas no necesita perder una elección para perder su fuerza. Le bastaría con perder la coalición.

Esta es la primera entrega de una serie sobre el Partido del Trabajo en Chiapas. En la próxima entrega: quiénes son —y de dónde vienen— los cacicazgos que hoy sostienen al PT en el estado, municipio por municipio.