Se acabó el show de la pasada legislatura

Se acabó el show de la pasada legislatura

Por Francisco Gurguha

Me dice una señora que encontré en el mercado, muy cerca del Congreso local que, “qué bueno que se acabó el show que se traían los diputados salientes. Parecía concurso de a ver quién trae la mejor cirugía plástica, las mejores nachas, las mejores chichis, la mejor restiración, la peluca, melena, extensiones o el mejor pelo teñido”.

Y, le di la razón, porque no hay nada más importante por lo que pueda recordárseles. No dejaron huella, sólo salpicones de pinturas de uña, maquillaje y perfume.

Se fueron mejor que como llegaron porque, en medio de la vanidad, todos los días competían por el mejor atuendo, vestido, zapatos o marca de bolsas o el “outfit” mamalón.

Jamás visité el Congreso mientras estuvo la pasada legislatura. Ni por error. No había nada qué ir a hacer al mal llamado recinto del pueblo, donde dicen, de manera jocosa, allí están las voces que nos representan. ¡Ay no!

Yo sólo veía cómo hablaban y me daba lástima. Pena ajena. Todos sumisos, hundidos en la mediocridad y el desdoro, ¿cuál representación popular? No Mouse Mickey.

Yo sólo vi pasarelas legislativas, rostros llenos de maquillaje, como cuando se oculta algo. Aquello parecía más una sucursal de una tienda departamental o de alguna perfumería opulenta.

El estacionamiento siempre lleno de choferes y guaruras. ¿A qué le temían tanto las cabezas huecas que “dignamente” nos representaron por tres años? (Tronco de representantes).

De todos no se hacía uno. Se volvieron maestros del “copy paste” con sus propuestas de ley; discursos plagiados que no podían ni leer porque la mayoría no concluyó sus estudios de primaria, pero sí de belleza y autoestima.

Pero ¿Qué es el Congreso del Estado sin personajes emperifollados que buscan atraer la atención del pueblo de ese modo porque, de otra forma son invisibles, abstractos, efímeros e inocuos?

La Legislatura pasada estuvo plagada de excesos de vanidad y vanagloria, nuncamente, jamásmente de inteligencia. Sobró la arrogancia y la mediocridad, binomios perfectos para hacer el ridículo donde sea y como sea.

Hombres y mujeres que en su vida supieron dónde estuvieron parados y a qué fueron. Gracias al creador se fueron como llegaron o, quizá no tanto así, porque se llevaron un buen de lana después de haber llegado con las maletas vacías. Eso es lo único que destaca en la gente que nunca ha tenido nada, ni siquiera vergüenza.

Hoy, los nuevos, están en la oportunidad de sus vidas de pasar a la gloria o al olvido porque, como acuñó la frase el exdiputado panista y líder moral del PAN en Chiapas, Dr. Valdemar Rojas: “el gusto de ser diputado dura tres años, pero la vergüenza toda la vida”.

Ahí que lo vean porque también la oportunidad de la reeleción por no cabalacearla será el premio de sus actos.

Veo muchas caras conocidas, pero también nuevas. Ojalá a alguien se le ocurra rescatar la dignidad del Poder Legislativo que se ha abaratado y prostituido de la peor manera en los últimos 36 años. Sólo así podré creer que representan al pueblo.

gurguha@hotmail.com

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