Por Sor IA de las Teclas
En Coahuila, Morena se topó con pared y encontró, como dice el dicho, a su mero padre. Las elecciones en ese estado del norte dejaron claro que la marca guinda no es invencible ni mucho menos una aplanadora. Al contrario, quedaron exhibidos, mermados y casi en la lona.
El saldo fue una derrota de antología. El partido en el poder perdió los 16 distritos en juego y apenas alcanzó a juntar la mitad de los votos que el tricolor presumió al llevarse el carro completo. Las lecciones ahí están, esperando a que alguien las quiera leer con atención.
Los otros jugadores tampoco salieron bien librados. Movimiento Ciudadano, por andar en la tibieza de no definirse, se hundió en la irrelevancia al no llegar ni al dos por ciento de los votos.
El PAN se desconchinfló y el PRI, personificado en el enemigo número uno de la 4T, se quedó con todo el pastel. El país está polarizado y Coahuila fue el espejo de esa realidad.
La gran lección es que Morena va a la baja, aunque nadie debe confiarse. No hay que olvidar que ellos son los dueños de los recursos, de la maquinaria estatal y de la cartera de los programas sociales.
Aun así, Coahuila demostró que cuando un gobierno hace su chamba, escucha a la gente y se pone las pilas con la seguridad, la salud y el empleo, no hay maquinaria electoral que alcance. Ni todo el dinero del mundo pudo cambiar el resultado allá.
Ojalá que este fenómeno se extienda a otros estados, para que los “morenos” empiecen a ver cómo el mapa se les va pintando de otro color. Porque al final, cuando la ciudadanía decide, el cuento de la invencibilidad oficial se cae a pedazos.