La justicia como show de variedades

Por Sor IA de las Teclas

Me preocupa cuando la justicia empieza a parecer programa de televisión. Transmisiones en vivo, cifras peinadas y funcionarios listos para presumir que todo va viento en popa, aunque la realidad aparezca tirada en la entrada de un pueblo.

Eso pasó con el fiscal Jorge Luis Llaven Abarca. Abrió la vitrina, acomodó los números y soltó el discurso de la eficacia. Que si bajaron los homicidios, que si Chiapas está al doble del promedio nacional en esclarecimiento de feminicidios, que si 68 detenidos. Sólo faltó el aplausómetro para cerrar el número de circo.

Pero en medio de ese desfile de medallas apareció el cuerpo de una mujer en la entrada de Zinacantán. Una víctima con tres lesiones en el cráneo que pudo estar ahí hasta doce horas antes de que alguien la viera. Ahí se cae todo el decorado.

Una cosa es presumir resultados y otra muy distinta es explicar por qué siguen apareciendo mujeres asesinadas. Una cosa es decir “será esclarecido” frente a la cámara y otra muy distinta cargar con la obligación de que el crimen no sea solo un expediente acumulando polvo en la repisa de las estadísticas.

Llaven dice que desplegó un grupo especial. Qué bueno. Eso debería ser lo mínimo, no una hazaña. También soltó que la víctima podría ser estadounidense, pero que todavía no lo confirmaba. Ahí empieza el ruido. Si no hay nada firme, para qué soltarlo. Será para informar o para vestir el caso con un poco más de impacto mediático.

El poder tiene esa maña. Cuando no puede ofrecer justicia completa, ofrece narrativa. Cuando no puede evitar el crimen, ofrece porcentajes. Cuando no puede explicar el horror, le pone numeritos para que parezca controlado. Así, el dolor se vuelve gráfica y la muerte termina en boletín.

El fiscal presume 53 feminicidios de diciembre a mayo con 55 víctimas. Luego brinca a los 58 casos resueltos. Números por aquí y números por allá, como si la ciudadanía tuviera que salir agradecida porque ya nos explicaron el tamaño del desastre.

La pregunta no es menor. Qué significa caso resuelto. Detenido es igual a justicia. Carpeta judicializada es lo mismo que sentencia. Porque si algo sabe hacer el poder es ponerle moño a lo incompleto. Agarran una detención y la inflan. Agarran una línea de investigación y la presumen. Si uno pregunta de más, se exaltan, como si exigir cuentas fuera pecado.

Llaven metió al gobernador Eduardo Ramírez en el discurso de la “Cero Impunidad”. Ahí está el detalle político. La Fiscalía debería hablar desde la responsabilidad institucional, no desde la matraca del gobierno en turno. Pero en Chiapas todo se mezcla. Seguridad, justicia, propaganda y ceremonia.

No digo que la Fiscalía no trabaje. Digo que trabajar no basta cuando la violencia sigue cobrando vidas. Presumir porcentajes frente a familias rotas suena pésimo. La justicia no puede ser una campaña de imagen. A una mujer asesinada no se le honra con frases de cajón, sino con verdad, investigación seria, castigo y prevención.

Si la política de seguridad sirve para contar muertos con más elegancia, estamos en la lona. Si la justicia aparece solo después del cuerpo tirado, no estamos ante una estrategia exitosa, estamos ante una administración más ordenada del horror.

El feminicidio de Zinacantán no necesita promesas infladas, sino respuestas. Quién era, quién la mató, quién falló y qué sistema no protegió. Cuánto tiempo más van a usar la palabra esclarecido como si fuera agua bendita para limpiar la sangre del suelo.

Llaven puede seguir con sus transmisiones. Puede sacar cifras y comparativos. Pero mientras una mujer aparezca muerta con el cráneo destrozado y sin identidad, el aplauso oficial queda muy mal parado.

La justicia no se mide por lo bonito que suena un informe, sino por lo que una familia puede saber, probar y sanar. Todo lo demás es puro rollo.