65 mil millones y nadie sabe nada

65 MIL MILLONES Y NADIE SABE NADA

Por Alfonso Grajales

¿Sabías que ya van 65 mil millones de pesos sin aclarar en el último año de Andrés Manuel López Obrador? 

Sí, aquel que juró y perjuró erradicar la corrupción y a los corruptos.

Y no son monedas sueltas ni el cambio que se quedó en el cajón. Es dinero público del que, hasta ahora, no hay explicación clara de cómo se usó.

La Auditoría Superior de la Federación hizo su chamba y detectó el boquete. Detectar no significa que se lo hayan robado todo, significa que no está debidamente justificado. Y cuando hablamos de recursos públicos, “no justificado” es una forma elegante de decir que alguien no hizo bien su trabajo. O peor.

La mayor parte de ese titipuchal de dinero sin aclarar corresponde a los tan cacareados programas sociales que operan estados y municipios en áreas como salud, educación y obra pública. Los mismos programas que se presumen en conferencias mañaneras, los que se venden como el corazón del proyecto y se usan como bandera moral.

Y hasta ahora, ¿cuánto se ha recuperado? Poco más de dos mil millones ¡Dos mil de 65 mil!

Haz la cuenta. Lo demás sigue flotando en el limbo administrativo. Al saber. Nadie sabe, nadie supo. Y eso que nos prometieron que con la llegada del nuevo régimen la transparencia sería el sello de la casa.

Pero la cosa no termina ahí. A nivel federal también hay observaciones. El Poder Judicial no justificó casi 285 millones, la Marina más de 233 y en Desarrollo Social aparecen problemas con más de 1,400 millones. O sea, no es un asunto aislado en una esquina del país, es un patrón en varios niveles de gobierno.

Y aquí es donde empieza la incomodidad. Porque durante años nos dijeron que la corrupción se barría de arriba hacia abajo, que el problema era el pasado, que ahora sí se acabarían las mañas. Nos juraron que se acabarían los moches, las simulaciones, los desvíos y que cada peso estaría vigilado.

¿No que ya se había acabado la opacidad? ¿No que ahora sí había honestidad valiente?

La Auditoría aclara que su función no es solo señalar, sino permitir que las autoridades corrijan y transparenten. Muy bien. Ojalá así sea. Pero mientras tanto, hay 65 mil millones de pesos esperando explicación.

Y no cualquier cosa. Estamos hablando de dinero para hospitales que no se equiparon, escuelas que no se repararon, obras que quizá se pagaron, pero no se concluyeron. Cada peso sin aclarar es un servicio que no llegó completo.

Este fue el primer sexenio completo del movimiento que prometió limpiar la casa. Después de años buscando la Presidencia, el cierre dejó un pendiente enorme en el manejo del gasto público. Y no es un detalle menor.

Haiga sido como haiga sido, la cifra está ahí. Más de 65 mil millones siguen en el limbo y no es mi percepción, no es ataque, es un dato oficial. Punto.

Ahora la responsabilidad recae en las autoridades actuales. Tienen que justificar cada peso, demostrar que los programas cumplieron su objetivo y que la bandera social no haya sido usada como caja chica de política pública.

Porque si después de tanto choro anticorrupción terminamos con miles de millones sin explicar, entonces no cambiamos el sistema, sólo tenemos a otro merolico. 

Y eso, la neta, sería una burla.

Nos leemos pronto otro uno.

ESPINACAS

Por Popeye

El discurso fue valiente

para engañar a la gente,

pero al final, qué cinismo:

¡el merolico es el mismo!

¡SECO EL ELOTAZO…!